Patricio Almonacid… héroe o villano?
Aprovecho de hacer referencia a la última moda que se ha visto en este pequeño pero complicado Chile respecto de empezar a dar carácter de héroe a personajes de nuestra historia, que queramos o no, están ahí, y queramos o no, la poca imparcialidad de TVN ha sacado a algunos: Patricio Almonacid, con su increíble, no por buena sino por incomprensible e inútil escapada en la prueba de fondo del ciclismo en Beijing 2008, ¿se merece el carácter de héroe o villano?
Mi opinión: villano 200%.
Mi visión: nadie, yo tampoco, pone en duda el mérito que significa, atendiendo todas las dificultades que un deportista chileno pudiera tener, el hecho de llegar a unos Juegos Olímpicos. Tampoco se niega el hecho de que el Gobierno, no solo el de turno, sino todos los de la historia, han tenido políticas vergonzosas respecto de incentivos para desarrollar el deporte chileno. En eso Almonacid, yo, y probablemente la gran mayoría de los chilenos estemos de acuerdo.
No obstante lo anterior, nada justifica la actitud del ciclista en Beijing. No se justifica, porque una vez que llegas a una instancia tan importante como los Juegos Olímpicos, no es posible que pienses usar este evento como un medio válido para transmitir tu protesta, obviando los principios básicos del deporte: la sana competencia, la ambición de poder mejorar tu marca anterior, y por último, la ilusión de poder llegar en lugares de avanzada para obtener algún premio. Es justamente eso lo que hace realmente patética la actitud y actuación de Almonacid, porque simplemente no cumplió con nada de eso: solo se preocupó de hacerse notar para protestar, no importándole que minutos más tarde un juez lo sacara de competencia por estar rezagado producto de su agotamiento por su osadía. En otras palabras, al chileno le importó exactamente nada el espíritu deportivo y olímpico referido a la superación personal, lo que es reprobable en cualquiera de sus formas.
Todos nos sorprendimos de que un chileno figurara como puntero de una prueba como esa en Beijing, algo que en verdad nadie se esperaba. También es muy posible que la gran mayoría pensara que, a pesar de su buena ubicación, las posibilidades de que pudiera ganar la prueba eran al menos remotas, por no decir utópicas. Pero lo que es más probable aún, es que muy pocas personas siquiera se imaginaran que ese mismo tipo, que minutos antes lideraba la competencia por largas horas, con una cómoda ventaja de hasta ¡14 minutos!, terminara excluido de la prueba por rezagado. Como si fuera poco, terminó explicando que lo que quería era “mostrar la camiseta, el nombre de Chile, la bicicleta y mis auspiciadores”. Díganme si eso no es patético.
¿De qué sirve estar puntero durante más de 3 horas en una prueba, si al final no llegarás por estar rezagado?, ¿qué avance o beneficio puedes sostener luego de esa prueba?, ¿qué avance o beneficio le estás mostrando a los sponsors para que sigan con su apoyo?; para las tres preguntas, la misma respuesta: nada. Nada, porque hoy ya nadie se acuerda de ese chilenito que estuvo durante tres cuartos de la carrera puntero, sino, como siempre, solo de los tres primeros. Nada puede decir el ciclista de sus progresos cuando ni siquiera termina una prueba: hoy nadie sabe si progresó, se estancó o retrocedió, aunque me temo que por su actitud, lo más probable es que haya sido lo último.
Considero deplorable que Almonacid se haya dado la patudez de usar el nombre y la camiseta de Chile como soporte para su protesta. No tiene el derecho de usar esos emblemas: a la camiseta nacional se la quiere y se la moja hasta el final, dando lo mejor de cada uno, no haciéndola de soporte para protestas personales, por mucha razón que pueda tener. Y esto corre para el fútbol, el tenis, el ciclismo y cualquier otra disciplina. Nadie puede arrogarse la propiedad de esos símbolos, y quienes lo hacen, así como pasó con el “Maracanazo” en 1989, deben ser severamente castigados para evitar actitudes parecidas en el futuro. Si no defendemos nosotros mismos el honor del nombre de nuestro país, entonces no pidamos respeto al mundo.
Si este o cualquier otro deportista no quiere o no puede representar a Chile de forma profesional, mejor que ni nos represente: Chile no se merece ni necesita de personajes que privilegian intereses personales por sobre los intereses superiores del deporte nacional; aunque pueda tener mucha razón, y tenga todos los ojos del mundo posados sobre sus hombros.
Basta ya de la mediocridad en el deporte chileno.


